Susan Sontag “Notes on Camp”
¿Será por eso qué muchos melómanos pueden admirar impunemente el pop más naive y frívolo de los sesentas y despreciar por completo cualquiera de sus equivalentes actuales?
¿Será esta distancia temporal lo que produce algo cómo esto?

Quizás influye cierta sensibilidad melómana que no está interesada en establecer categorías de juicio desde la moral o la simpatía ideológica más inmediata. Pero esa amoralidad del gusto (que nunca llega a ser absoluta) es aplicable con más facilidad a objetos del pasado, a batallas que no se vivieron y que pertenecen a mundos percibidos como lejanos y agónicos. Estar embarrado en el presente siempre va a implicar en mayor o menor medida una toma de posición, de lo contrario sería participar de esa enfermedad de los tiempos en la que todo es válido y toda es lo mismo.
Pero no cabe duda de que, como dice Sontag, la distancia libera al pasado y genera nuevos significados y usos de ciertas manifestaciones culturales. Por eso lo que hoy podría considerarse como inofensivo, al estar eximido de la responsabilidad de significar y ser relevante, puede apreciarse por sus diferentes mecanismos de creación de afectos (por ejemplo, el ejercicio formalista que implica determinar que es una canción pop “perfecta”).
Pero no cabe duda de que, como dice Sontag, la distancia libera al pasado y genera nuevos significados y usos de ciertas manifestaciones culturales. Por eso lo que hoy podría considerarse como inofensivo, al estar eximido de la responsabilidad de significar y ser relevante, puede apreciarse por sus diferentes mecanismos de creación de afectos (por ejemplo, el ejercicio formalista que implica determinar que es una canción pop “perfecta”).

En última instancia todo esto puede desencadenar en el ahora un poco infame “popismo” o en una especie de “populismo” de mercado, una reivindicación “anti elistista” de los placeres y las pasiones de la cultura de masas. Sin embargo esto se dará en cuanto se pierda el factor de distanciamiento, entendiéndolo no como frialdad o ironía sino como la posición “crítica” , posición que no necesariamente cancela el valor o el disfrute del objeto (lecturas negociadas como se les dice en la teoría de la comunicación).
Pero al igual que el Camp, estas formas de consumo melómano son un privilegio de ciertas elites “cool”, eso sí ,carentes en su mayoría de cualquier poder simbólico y presencia dentro de los discursos dominantes. Al fin de cuentas para la mayoría de la gente, la música popular no es algo sobre lo cual se ejerza el más mínimo ejercicio de pensamiento, es simplemente “lo que hay”, una parte más del panorama mediático transnacional. Por eso al otorgarle una historia y una genealogía ya se está desnaturalizando, se ejerce una forma de distanciamiento que pone en entredicho su presente “eterno”. A la vez pone en duda las lecturas que se realizan en “tiempo presente” sobre distintas manifestaciones culturales, de forma que nos hacen ver que quizás dentro de algunos años lo que hoy se erige como “serio y relevante” nos resultará ridículo e impostado. Y viceversa
( y no me vayan a negar, amargos de mierda, que las portadas de esos eps y esas chicas son di-vi-nassss)